¿Por qué El niño nos sigue poniendo en jaque?
El sistema eléctrico colombiano forjó hace más de veinte años un modelo pensado para garantizar el suministro de electricidad durante las sequías, y aun así cada Fenómeno de El Niño sigue encontrando al país en modo crisis. Ese modelo, diseñado para un sistema en el que la única alternativa al agua de los embalses era la generación térmica, logró evitar racionamientos, pero no eliminó la vulnerabilidad del sistema a la sequía.
Hoy, el sistema para el que fue diseñado ya no es el mismo. La energía solar y eólica, tecnologías maduras y las más baratas, cambian el panorama por completo y ofrecen alternativas reales para fortalecer la garantía de suministro a través de la complementariedad de sus recursos, incluso en las sequías más severas. Aprovechar esa complementariedad exige cambiar la forma en que se entiende el sistema y su confiabilidad. El Fenómeno de El Niño volverá, cada vez con mayor fuerza y frecuencia, y esta crisis obliga a repensar las bases del sistema para que el próximo evento no vuelva a tomar al país por sorpresa.
El Fenómeno de El Niño que hoy enfrenta el país podría ser el más intenso del que se tenga registro, y el sistema actual tiene poco margen para absorberlo. El IDEAM estima una probabilidad superior al 90% de que alcance una intensidad muy fuerte entre finales de 2026 y comienzos de 2027, y prevé que podría extenderse hasta mediados del 2027 [1]. Ese pico llega a un sistema que ya acumula meses de estrés. Entre el 1 de mayo y el 8 de octubre, los aportes hídricos a los embalses estuvieron un 25% por debajo de su media histórica, y la demanda, impulsada por las olas de calor, creció 6,75% anual en agosto [2]. El precio de la energía en bolsa refleja esa tensión. El precio máximo diario pasó de promediar $202/kWh en enero-febrero a $1.174/kWh en septiembre, casi en el nivel del precio de escasez, con un pico de $2.000/kWh el 2 de octubre [3]. La capacidad nueva tampoco llega a tiempo. Al 10 de septiembre solo operaba el 23% de los 4,475 MW previstos para 2026, y la brecha entre la energía firme y la demanda proyectada para 2026-2027 es del 7.7% [4], [5].
Cada Fenómeno de El Niño encuentra al país en modo crisis, pese a un modelo diseñado para evitarlo
El Fenómeno de El Niño no es nuevo, y su llegada es tan certera como su recurrencia. Desde la creación del mercado eléctrico en 1994, el país ha atravesado nueve de estos episodios, y en cada uno la conversación se repite. Se habla de embalses en mínimos, térmicas al límite, gas escaso y riesgo de racionamiento. Esa repetición tiene costos concretos, y los asumen el sistema, sus usuarios y la economía.
Cada vez que el sistema entra en modo crisis, la garantía de suministro pasa a depender de un respaldo térmico cada vez más caro. En agosto de 2026 la demanda de gas para generación térmica creció 85% frente al año anterior [5]. Ese gas, cada vez más importado, se paga al precio que sea necesario porque no hay alternativa en el corto plazo. Así, la garantía de suministro queda atada a un combustible cuyo precio y abastecimiento se deciden fuera del país, y el sistema y sus usuarios quedan expuestos a su volatilidad y a las tensiones geopolíticas que la determinan.
Cuando la garantía de suministro está en riesgo, la demanda se convierte en la variable de ajuste del sistema, y los costos se trasladan a los usuarios y a la actividad productiva. Los hogares reciben el llamado a reducir su consumo de electricidad justo en los periodos de más calor, cuando para muchos el aire acondicionado deja de ser una comodidad y pasa a ser una necesidad de salud. A eso se suman campañas de ahorro, incentivos y penalizaciones al consumo y tarifas más altas por escasez. La industria y el comercio están aún más expuestos, por la naturaleza de su contratación en el mercado no regulado y la alta exposición de sus contratos a la volatilidad de la bolsa de energía.
Los impactos, en particular los económicos, desbordan el sector eléctrico y alcanzan a toda la economía. Este Fenómeno de El Niño puede elevar la inflación de alimentos en 3.9 puntos porcentuales en promedio [6], y el Ministerio de Hacienda estima un impacto de más de 0.3 puntos en la inflación total de 2026 y una reducción de 0.1 puntos en el crecimiento económico [7], [8].
Los usuarios pagan en su tarifa un mecanismo diseñado precisamente para no tener que ser la variable de ajuste durante la sequía. Pagan el seguro y, aun así, terminan asumiendo el siniestro.
La severidad y el momento de cada episodio son inciertos, pero su regreso no lo es, y el cambio climático hará cada regreso más exigente. Estudios científicos indican que el calentamiento global ya está haciendo más frecuentes los episodios fuertes de El Niño y que su variabilidad seguirá aumentando [9]. Bajo el modelo actual, eso significa un sistema cada vez más vulnerable, tanto en su garantía de suministro como en la estabilidad de sus precios. Que entremos en crisis cada vez que el fenómeno llega invita a preguntarse si el diseño del sistema está respondiendo adecuadamente a las sequías.
El modelo cumplió su promesa de garantizar el suministro, pero no eliminó su vulnerabilidad
El modelo actual, y con él la manera en que el país entiende la garantía de suministro, nació de la vulnerabilidad del sistema a las sequías en una época en que la única alternativa al agua eran las térmicas. El racionamiento de 1991-1992 fue el detonante de la reforma que en 1994 creó el modelo actual del sector eléctrico. Más de una década después, en 2006, se definió el mecanismo que hoy sostiene la garantía de suministro frente a las sequías, el Cargo por Confiabilidad. Desde entonces, garantizar el suministro ha significado, ante todo, protegerse de la sequía con respaldo térmico.
El diseño del mecanismo fue adecuado para su época y cumplió lo que prometía. En un sistema hidrotérmico sin otras alternativas, la única forma de protegerse ante una sequía era asegurar un respaldo térmico capaz de generar cuando faltara el agua. Por eso la garantía de suministro del sistema se definió como la suma de la energía firme de cada planta, un concepto construido a la medida de las térmicas: la energía que cada planta puede garantizar por sí sola, incluso bajo escenarios de hidrología críticos. Los generadores asumen ese compromiso, la demanda lo remunera en su tarifa, y desde entonces el país no ha sufrido racionamientos de energía por sequía.
Sin embargo, la vulnerabilidad persiste porque la garantía de suministro sigue atada al uso del agua y a los combustibles de respaldo. Aun con un sistema diseñado para la sequía y en vigencia por veinte años, el país llega a cada Fenómeno de El Niño expuesto a la gestión del agua y a la volatilidad de los combustibles. El seguro garantiza que el respaldo exista, pero no protege al sistema de la disponibilidad real de energía ni de su costo.
El apagón del 1991-92 dejó un miedo que todavía condiciona el debate. La garantía de suministro se volvió sinónimo del binomio agua más térmicas, y cualquier cambio al modelo se percibe como arriesgarse a otro apagón. El debate queda así confinado a respuestas incrementales, como más térmicas, más gas y más de lo mismo. La paradoja es que ese miedo preserva precisamente la vulnerabilidad que se busca evitar. Treinta y cuatro años después, el recuerdo de aquel racionamiento sigue pesando más que las alternativas que ya existen hoy.
En medio de una transformación del sistema, la firmeza es mucho más que la suma de la energía firme de sus plantas
Superar ese miedo exige reconocer que el sistema que el modelo buscaba proteger ya se está transformando. La solar y la eólica son hoy la opción más barata para instalar nueva capacidad [10], y la solar ya está entrando al sistema a un ritmo acelerado. La pregunta dejó de ser si estas tecnologías harán parte del sistema, porque ya lo son. La pregunta es qué papel pueden cumplir en él, y su respuesta parte de entender las características propias del sistema colombiano.
La garantía de suministro del sistema eléctrico colombiano está estructuralmente limitada por energía, no por capacidad. En los sistemas limitados por capacidad el riesgo principal es no contar con megavatios instalados suficientes para cubrir las horas de mayor consumo. En Colombia los megavatios existen, lo que escasea es el agua para usarlos durante meses de sequía. Incluso la estrechez que hoy se registra en las horas pico responde en buena medida a esa lógica, porque la potencia hidráulica disponible depende del agua que el sistema puede usar. Esa distinción es decisiva, porque cambia lo que cada tecnología puede aportar a la garantía de suministro. Importa menos lo que genera en una hora específica y más cuánta energía entrega a lo largo del año, y a qué costo.
La definición actual de garantía de suministro no responde a esa realidad. Al medirla como la suma de la energía firme de cada planta, desconoce el potencial sistémico y la complementariedad de los recursos. Esta mirada, heredada de un sistema pensado para el respaldo térmico, evalúa la firmeza de la energía solar y eólica planta por planta, según lo que cada una garantiza en una hora crítica (lo que se conoce como crédito de capacidad en los sistemas limitados por capacidad). Así, subestima su contribución real y les exige un atributo incompatible con su naturaleza.
Integrados al sistema, el sol y el viento pasan a ser activos clave fortalecerlo. Cada kWh generado por el sol o el viento es agua que se conserva en los embalses para la sequía. Siempre que el despacho de los recursos sea óptimo, esa energía permite guardar el agua que de otro modo se turbinaría y evitar la quema de combustible costosos en las térmicas. Los embalses pasan así a cumplir la función de gran batería del sistema, preservando el agua que el país necesitará cuando llegue el próximo Fenómeno de El Niño.
La visión que surge de allí es la de un sistema integrado, en el que el respaldo deja de depender de las térmicas y pasa a ser sistémico. La solar y la eólica aportan la mayor parte de la energía y se vuelven parte estructural de la matriz. La flexibilidad de las hidroeléctricas permite integrarlas al gestionar su variabilidad, mientras los embalses se mantienen en niveles que garantizan reservas para la sequía. Las térmicas conservan un papel importante como seguro para los momentos puntuales de máximo estrés, cuando coinciden la sequía prolongada, la demanda más alta y la falta de sol o viento. Articular todos estos recursos de manera integral requiere un operador con un papel más activo. La firmeza de un sistema es mucho más que la suma de lo que cada planta aporta por separado, es una propiedad del sistema cuando se opera como un todo.
La modelación del sistema colombiano realizada por Ivy y Polen respalda esta visión para un escenario de expansión óptima hacia 2038. La matriz resultante sería 95% hidro-solar-eólica y, operada de forma óptima, abastecería la demanda incluso en las sequías más extremas. Simultáneamente, el costo unitario de la electricidad sería 29% menor que en la ruta tendencial al final del periodo [11].
La estabilización de esos costos y llevarlos a la tarifa depende de la regulación, en particular de cómo se contrate la inversión. Si la inversión se cubre en mercados de largo plazo, mediante contratos adjudicados en subastas, un año seco deja de traducirse en alzas de precios por la falta de agua y el alto costo de combustibles de respaldo. Así se reduce de forma estructural la exposición de la tarifa eléctrica al Fenómeno de El Niño.
La mejor respuesta a esta crisis es gestionar el agua con una visión sistémica
El margen de maniobra frente a este Fenómeno de El Niño es limitado, y el recurso decisivo sigue siendo el agua. El país está al inicio de una sequía prolongada. Aunque los embalses están en niveles por encima de la media, las proyecciones de aportes hídricos para los próximos meses están muy por debajo de la media. En ese escenario, el agua embalsada es el activo más valioso del país. Decidir cuándo y cómo usar cada metro cúbico, con una visión de todo el sistema y de los escenarios climáticos de los próximos meses, puede marcar la diferencia entre llegar al pico del fenómeno con reservas o sin ellas.
Las decisiones individuales de cada generador no garantizan las reservas que el sistema necesita en conjunto. Cada generador gestiona su embalse según sus propios riesgos y señales de precio, y esas decisiones, razonables una a una, pueden dejar al sistema sin agua cuando más la necesita. Una operación centralizada por el operador del sistema, que optimice el agua de todos los embalses con una visión conjunta y frente a la garantía de suministro presente y futura, es la respuesta adecuada tanto en plena crisis como para el largo plazo. La necesidad de una gestión centralizada de los recursos hídricos, con un despacho óptimo a nivel sistémico, pone además en evidencia el valor de entender la firmeza como una propiedad del sistema.
En el corto plazo, la gestión del agua se puede complementar con medidas que alivien la presión sobre el sistema. La más inmediata es destrabar los proyectos ya aprobados que están cerca de entrar en operación, sumando energía en el momento en que más se necesita. Del lado de la demanda, la eficiencia energética, la generación distribuida y el autoconsumo, como los paneles solares en los techos de hogares y empresas, reducen la demanda sobre el sistema y permiten ahorrar agua para los meses siguientes.
La urgencia actual tampoco puede justificar decisiones que perpetúen en el futuro la vulnerabilidad del sistema a la sequía y a la volatilidad de los combustibles. El fracking, por ejemplo, no ofrece soluciones a tiempo para este Fenómeno de El Niño y, además, ataría al sistema a un combustible cuyo precio se define en mercados internacionales, y conlleva altos costos políticos, sociales y ambientales, como acentuar el estrés sobre el recurso hídrico. Las renovables son opciones más baratas, más rápidas de implementar y más sólidas para la garantía de suministro.
Atender la crisis actual no puede aplazar las decisiones que evitarán la próxima. Cada vez que la urgencia desplaza la discusión de fondo, el país se condena a repetirla. Cada año que se aplaza la entrada de renovables hace que el próximo Fenómeno de El Niño encuentre un sistema más vulnerable y más caro.
Garantizar el suministro en las próximas sequías exige cambios estructurales a la altura de la realidad actual y futura
Las tecnologías para construir un sistema más robusto, resiliente y barato ya existen; lo que falta es ajustar las reglas a esa nueva realidad. La tecnología está disponible y su costo ya no es el obstáculo. El reto es actualizar la forma en que el sistema se entiende, se planifica y se opera, para que las reglas reflejen los roles que cada tecnología puede cumplir en un sistema que se transforma.
El cambio de fondo es llevar la definición sistémica de firmeza a la regulación. Mientras la garantía de suministro se siga midiendo planta por planta, las reglas seguirán remunerando la lógica del sistema de hace veinte años, y no la del sistema que ya está cambiando y que el país necesita para el futuro.
El despacho óptimo y sistémico de los recursos debe convertirse en regla y dejar de ser una medida de excepción, particularmente en la gestión del agua. Eso implica reglas de operación que valoren el agua embalsada por su aporte a la garantía de suministro futura del sistema, además de por su precio de hoy.
La planificación proactiva es el instrumento que permite anticiparse en lugar de reaccionar. La planificación de la expansión óptima del sistema, hecha con años de anticipación y considerando la variabilidad hidrológica, indica qué se necesita, cuánto y dónde. El país ya cuenta con un primer instrumento de planeación coordinada entre generación y transmisión (Resolución MinEnergía 40331 de 2026). El reto es su materialización en la regulación y en la gestión de la expansión integrada de la red.
Las subastas son el vehículo regulatorio para materializar esa planificación, pero su diseño debe revisarse. El mecanismo ya existe en la regulación y es la vía idónea para incorporar la capacidad que el sistema necesita. La discusión relevante no es si las renovables eólicas y solar son costo-eficientes, porque eso ya está resuelto. La discusión es sobre el costo de capital, que determina la bancabilidad de los proyectos y de cómo se reparten los riesgos en la contratación. De este modo, el diseño de las subastas debe responder a las características de estas tecnologías y al sistema que se busca construir, para que la opción más barata sea también la más rentable. La subasta de julio de 2026, con productos declarados desiertos y precios más altos de lo esperado, muestra el costo de un diseño que no responde a esas características.
El licenciamiento social y ambiental es necesario, y hoy es también el principal cuello de botella para la entrada de renovables. Según SER Colombia, el 70% del tiempo que tarda un proyecto energético se lleva en trámites. Una planificación anticipada, articulada con mecanismos de materialización, permitiría adelantar las licencias y las consultas previas de los proyectos que el sistema necesitará y mejorar así la gestión de asignación de puntos de conexión a la red. Así se reducirían sustancialmente su tiempo de entrada en operación y su riesgo. Una vez licenciados y conectados, los proyectos solares y eólicos se instalan en uno a dos años, mucho más rápido que cualquier alternativa térmica.
Todo esto requiere una política de Estado que trascienda los ciclos políticos de cuatro años. La visión del sistema se decide con horizontes de décadas, y ninguna de estas reformas rinde frutos dentro de un solo gobierno. Blindar la planificación y las reglas del mercado, técnica, regulatoria y políticamente, es la condición para que la transformación no se reinicie con cada cambio de administración.
Romper el ciclo de vulnerabilidad exige redefinir lo que el país entiende por confiabilidad
Hace 34 años, el apagón obligó al país a transformar su sector eléctrico con las opciones de ese momento, que eran más embalses y más térmicas. Hoy tenemos algo que entonces no teníamos. Tenemos la oportunidad de hacerlo por decisión propia y con opciones que entonces no existían. La energía solar y la eólica son la opción más barata que cualquier alternativa, los embalses pueden funcionar como la gran batería del sistema y es posible operar todos esos recursos como un conjunto. Anticiparse es la forma de romper un círculo que se repite desde hace más de tres décadas.
Esta crisis es la oportunidad de replantear lo que durante tres décadas se ha entendido por confiabilidad, y de construir la garantía de suministro desde un enfoque sistémico. Mientras ese replanteamiento no llegue, el país seguirá pagando el seguro y asumiendo el siniestro. El Fenómeno de El Niño seguirá llegando, y las decisiones de hoy pueden hacer que el próximo encuentre un sistema eléctrico fortalecido, más resiliente y mejor preparado.
Referencias
[1] IDEAM, “Fenomeno del Niño”. Accedido: 9 de octubre de 2026. [En línea]. Disponible en: https://www.ideam.gov.co/fenomeno-del-nino
[2] XM, “Detalle Aportes Hídricos”. Accedido: 9 de octubre de 2026. [En línea]. Disponible en: https://sinergox.xm.com.co/hydrology/contributions/detailed-contributions
[3] XM, “Precio de bolsa y escasez en el mercado energético”. Accedido: 9 de octubre de 2026. [En línea]. Disponible en: https://www.xm.com.co/transacciones/cargo-por-confiabilidad/precio-de-bolsa-y-escasez
[4] Portafolio, “La energía firme no alcanza: Colombia enfrenta una brecha de 7.207 gigavatio-hora para 2026-2027”. Accedido: 9 de octubre de 2026. [En línea]. Disponible en: https://www.portafolio.co/energia/la-energia-firme-no-alcanza-colombia-enfrenta-una-brecha-de-7-207-gigavatio-hora-para-2026-502352
[5] Bloomberg, “Las vulnerabilidades del sistema eléctrico colombiano ante El Niño más fuerte en décadas”. Accedido: 9 de octubre de 2026. [En línea]. Disponible en: https://www.bloomberglinea.com/latinoamerica/colombia/vulnerabilidades-del-sistema-electrico-colombiano-ante-el-que-seria-el-nino-mas-fuerte-de-la-historia/
[6] Corficolombiana, “El Fenómeno de El Niño sorprende en intensidad y duración”. Accedido: 9 de octubre de 2026. [En línea]. Disponible en: https://investigaciones.corfi.com/analisis-sectorial-y-sostenibilidad/coyuntura-sectorial/el-fenomeno-de-el-nino-sorprende-en-intensidad-y-duracion/informe_1436367
[7] Portafolio, “Anif alerta que un fuerte fenómeno de El Niño podría reactivar la inflación en Colombia”. Accedido: 9 de octubre de 2026. [En línea]. Disponible en: https://www.portafolio.co/economia/agro/anif-alerta-que-un-fuerte-fenomeno-de-el-nino-podria-reactivar-la-inflacion-en-colombia-494301
[8] Banco de Bogotá, “Déficit fiscal superaría 6.0% del PIB en 2026”, Banco de Bogotá, mar. 2026.
[9] W. Cai et al., “Anthropogenic impacts on twentieth-century ENSO variability changes”, 2023. doi: 10.1038/s43017-023-00427-8.
[10] IRENA, “RENEWABLE POWER GENERATION COSTS IN 2025”, jul. 2026. [En línea]. Disponible en: https://www.irena.org/-/media/Files/IRENA/Agency/Publication/2026/Jul/IRENA_TEC_RPGC_in_2025_2026.pdf
[11] Fundacion Ivy y POLEN Transiciones Justas, “Transición Energética Justa en Colombia: Ruta técnica para un sistema eléctrico confiable, limpio y de menor costo en Colombia”:, oct. 2025. Accedido: 9 de octubre de 2026. [En línea]. Disponible en: https://polentj.org/transicion-energetica-justa-en-colombia-ruta-tecnica-para-un-sistema-electrico-confiable-limpio-y-de-menor-costo-en-colombia/